Con el seudónimo que desde hace mucho tiempo sustituyó su nombre de nacimiento, Bartabas celebró en 2025 el cuarenta aniversario de su compañía Zingaro, un fenómeno teatral único en el mundo. Su espectáculo combina bailarines, acróbatas, músicos y, por supuesto, caballos, protagonistas de obras muy singulares y altamente poéticas. Aunque el teatro, construido en madera, reproduce una pista de circo, lo que se presenta no son espectáculos circenses, sino piezas temáticas con un hilo conductor, más allá de las sorprendentes destrezas ecuestres.
El repertorio del Teatro Ecuestre Zingaro, bajo la dirección de Bartabas, abarca cerca de veinte creaciones inspiradas en diversas fuentes culturales, desde las tradiciones gitanas, persas, indias e irlandesas, hasta la fiesta de los muertos mexicana o el dolor del exilio. La música también es ecléctica, incluyendo cantos de monjes tibetanos, melodías klezmer, composiciones de Igor Stravinsky y canciones de Tom Waits.
En 2016, Bartabas enfrentó un serio problema legal con Tom Waits y su esposa y coautora Kathleen Brennan. La pareja acusó al artista de usar en su obra *Ellos matan a los ángeles, ¿no es cierto?* 16 canciones creadas por ellos, reclamando un resarcimiento de 500.000 euros. Tras varios meses de litigio, la justicia falló a favor de Bartabas y condenó a Waits y Brennan a pagar 5.000 euros por “procedimiento abusivo”.
Clément Marty —nombre real de Bartabas— nació en París en 1957, hijo de un arquitecto y una médica. Desde joven sintió una fuerte atracción por los caballos, aunque reconoce que la razón de esta pasión debería estudiarla un psicoanalista. Su hijo menor, Hugo, optó por un camino igualmente original: junto a su novia Mélanie, es campeón internacional de lindy-hop, un baile social acrobático antecedente del rock and roll.
A los 16 años, cuando aún era Clément Marty, comenzó a trabajar como entrenador de caballos de carrera. Pronto se dio cuenta de que, más que al animal, debía entrenar al propietario, y decidió que ese oficio no era para él. Compró su primer caballo y emprendió un viaje artístico con cinco amigos de distintas disciplinas: “Recorrer las rutas y divertirse estaba bien, pero tenía sus límites y para mí era necesario profundizar”.
De esa necesidad surgió la idea del Teatro Ecuestre Zingaro, para el que Bartabas reunió a personas que ante todo compartían una pasión por los caballos, el placer de trabajar en libertad y un amor profundo por la música, que es un componente esencial en sus espectáculos.
Las 40 personas que integran Zingaro viven en casas rodantes cercanas al teatro ubicado en Aubervilliers, en la periferia norte de París. Bartabas señala: “Ninguno de nosotros pertenece a una familia de circo; somos un grupo de viajeros que optamos por este tipo de vida. Creo que lo que nos une es el rechazo a vivir en una sociedad —entre comillas— normal. Nuestro lugar es como la pequeña aldea de Asterix y llevamos una existencia bastante anacrónica”.
Un periodista que pasó una jornada con la compañía se sorprendió al notar que Bartabas, durante los entrenamientos y ensayos, no cruzaba palabra con los artistas: “Es que nos conocemos tanto que ni siquiera necesitamos decirnos ‘buen día’”.
El Teatro Ecuestre Zingaro recorre Francia en su propia caravana. Sin embargo, para presentarse en ciudades como Tokio, Santiago de Chile o Moscú, viajan en avión y se alojan en hoteles, “sensaciones muy extrañas para todos nosotros”, comenta Bartabas. Los caballos viajan como auténticas estrellas en aviones de carga, ubicados en contenedores especiales y con un acompañante personal cada uno.
Bartabas es un jinete excepcional, uno de los pocos en la historia capaz de hacer cabalgar a su caballo hacia atrás. Su método de adiestramiento es particular: “Se trata esencialmente de escucharlos, no de susurrarles al oído. Hay que observar su cuerpo, su actitud, intentar comprenderlos. Los caballos que nos llegan tienen diferentes edades y traen sus dolores, su pasado, su historia”.
El entrenamiento comienza con movimientos leves y físicos: manos, cadera, piernas y apenas un roce con las pantorrillas. Luego se traslada el peso, sólo unos gramos, de una cadera a otra. Finalmente, el proceso se convierte en pura comunicación mental: “Al principio, el jinete se concentra en cada movimiento, como un niño que aprende a caminar. En el nivel más alto, el jinete piensa un movimiento y el caballo lo ejecuta”.
Bartabas ha establecido una relación singular con los caballos. “Los caballos me han ayudado a vivir entre los seres humanos”, afirma.
En su libro *De un caballo al otro*, editado por Gallimard, Bartabas repasa los caballos que marcaron su vida. Uno de ellos, Horizon, llegó a Zingaro con cinco años y se retiró a los treinta. A pesar de su edad y dolencias, mantenía una gracia insuperable, “había comprendido que debía usar solo la energía necesaria para determinados movimientos. Era un yogui”.
Con otro caballo llamado La Araña mantuvo una relación de respeto a la distancia: “Nunca lo traté de tú, siempre de usted”.
Bartabas comparte una historia con Horizon que, aunque puede parecer triste, lo hizo muy feliz: “Después de 25 años de convivencia
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