Trump nomina a la provida Amy Barrett para la Corte Suprema

Barrett es miembro de una comunidad carismática, es una decidida defensora de la vida y la familia. Si la aprueba el Senado, la Corte Suprema tendría seis “conservadores” y tres “liberales”.

La batalla por la Corte Suprema tiene una importancia capital en la gobernanza de Estados Unidos. El tribunal está formado por nueve jueces con mandato vitalicio. Son propuestos por el presidente de turno y deben pasar el filtro del Senado. De ahí la importancia de estos nombramientos.

Un presidente puede llegar a gobernar cuatro u ocho años, pero estos jueces pueden estar décadas y sus decisiones tener una influencia durante mucho más tiempo. Cuestiones como el aborto, la libertad religiosa, el matrimonio o la familia llegan al Supremo, y sus decisiones repercuten en todo el país durante generaciones.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha decantado por la jueza conservadora Amy Coney Barrett para ocupar en la Corte Suprema el asiento que pertenecía a la fallecida Ruth Bader Ginsburg; algho que ya filtró la Casa Blanca a varios medios norteamericanos a última hora de ayer viernes. Una decisión que ya había adelantado Evangélico digital como una de las más probables.

Si la aprueba el Senado (lo que parece más que probable), la composición de la Corte Suprema entre “conservadores” y “liberales” sería de 6 a 3 (con Ginsburg era de 5 a 4).

 

Vida personal

Amy Coney tiene 48 años. Su marido Jesse Barrett es fiscal federal del departamento de Justicia en Indiana. Tienen siete hijos, cinco naturales (uno con Síndrome de Down), y dos de ellos adoptados en Haití.

Es una convencida cristiana, miembro de una comunidad carismáticaPeople of Praise, al igual que su padre y familia, que se definen como católicos. People of Praise está formada por “católicos, luteranos, episcopales, metodistas, pentecostales, presbiterianos y otros cristianos denominacionales y no denominacionales”, sin que eso impida estudiar juntos la Biblia y adorar juntos a Dios. Por ello, no se consideran una iglesia, sino “una comunidad cristiana cuyos miembros provienen de más de 15 denominaciones e iglesias cristianas diferentes. Nuestro objetivo es compartir nuestra vida diaria juntos en comunidad y al mismo tiempo seguir siendo miembros fieles y activos de nuestras propias iglesias y denominaciones particulares”.

Por ello, sus valores éticos o morales son de una base claramente bíblica, algo por lo que los demócratas se opusieron a su nominación como juez, cuestionando si podría ser un árbitro imparcial debido a sus creencias religiosas.

Durante su audiencia de confirmación ante la corte de apelaciones, Barrett dijo que en ese rol ella “seguiría sin falta” todos los precedentes de la Corte Suprema: “Nunca impondría mis propias convicciones personales a la ley”, agregó.

 

Carrera judicial

Antes de unirse como jueza al Séptimo Circuito, había dejado su huella en el derecho principalmente como académica en la Universidad de Notre Dame, donde se licenció en derecho y luego comenzó a enseñar a los 30 años. Trabajó como secretaria en la Corte de Apelaciones de EE. UU. A finales de la década de los 90 fue asistente legal del juez provida de la Corte Suprema de Estados Unidos Antonin Scalia. Trabajó en el bufete de abogados Miller, Cassidy, Larroca & Lewin en Washington, DC.

Fue una clara candidata al escaño que finalmente fue para Brett Kavanaugh en 2018. En ese momento, Trump les dijo a sus confidentes que estaba «salvando» a Barrett para el escaño de Ginsburg.

Barrett ha expresado durante mucho tiempo su simpatía por un modo de interpretar la Constitución, llamado originalismo, en el que los jueces denominados constitucionalistas intentan descifrar los significados originales de los textos al decidir casos.

Cuando se trata de casos de aborto, Barrett ha estado en el lado provida. Ella votó en 2016 para permitir una audiencia sobre una ley pro-vida del estado de Indiana que requiere que los centros de aborto ofrezcan un entierro o cremación adecuado para los bebés que matan en abortos. Y en 2019, votó para permitir una audiencia sobre otra ley pro-vida de Indiana que permite a los padres ser notificados cuando su hija adolescente está considerando un aborto para que puedan ayudarla a tomar una mejor decisión para ella y su bebé.

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