Pandemials, la generación del ¿distanciamiento?

Tras los Boomers, la Generación X, Millennials e iGen, me pregunto si los nacidos en la época del covid-19 serán Pandemials.

Los hechos afectan tanto al mundo, modificándolo, como nosotros también afectamos al mundo. No es lo mismo haber nacido cuando se construyó el muro de Berlín, que el año cuando se derribó. No es lo mismo haber nacido en la pandemia del COVID-19, que en otro contexto.

Me apresuro a decir que está surgiendo una nueva generación llamada: Pandemials. Este atrevimiento es una hipótesis de trabajo, un acercamiento por observación, que debería ser investigado desde la medicina, psicología, sociología, antropología, economía, teología y otras tantas -logías que existan.

Sus características podrían afectar nuestra forma de hacer misión y desarrollar la pastoral tanto el hoy como el mañana.

Así como los nacidos entre 1946-1964 son Boomers, entre 1965-1979 son Generación X, entre 1980-1994 son Millennials y los nacidos después de 1995 son iGen. La pregunta que me hago es si los nacidos en la época del COVID-19, desde el 2020, serán Pandemials.

Quisiera referenciar algunas características que estoy observando como énfasis de esta nueva generación:

  • Crisis económica-social. Nos enfrentamos a un mundo escandaloso. Kilksberg llama “escándalos éticos” a las problemáticas globales profundizadas por la pandemia. En una reciente conferencia virtual, identificó cuatro escándalos. Yo quiero apuntar a dos que entiendo podrían tener efectos en los Pandemials: pobreza y desigualdad. Respecto de la pobreza, Kliksberg, destacó estadísticas avaladas por la OMS, en las que se confirma que la mitad de la población mundial se encuentra frente a un estado de pobreza. El 50% de la población mundial gana menos de USD 5.5 diarios. Respecto de las desigualdades, afirma que la pandemia se descarga en los sectores más pobres y vulnerables porque son justamente aquel porcentaje que no tiene acceso a viviendas dignas, agua potable, alimentos, educación, salud. Si no tiene acceso a éstas, ni siquiera podrán cumplir con las recomendaciones mínimas de higiene que pide la OMS para combatir la pandemia y su futuro estará teñido de desesperanza.
  • Bioseguridad. Los Pandemials podrían tener mayor conciencia de la higiene y salud que nosotros. Luego de comprar víveres en el mercado con el tapaboca, llegué a casa. Quise saludar a mi hija de 4 años como de costumbre, pero ella muy seria me frenó para decirme: “primero a lavarse las manos, papá”. Si no estuviera pasando la pandemia, y nosotros como padres no le hubiéramos insistido tanto sobre el lavado de manos, este hecho no hubiese sucedido nunca.
  • Hiperconectividad. La hiperconectividad nos permite mantener contacto virtual con amigos, familia. Ya no celebramos cumpleaños, ahora lo llamamos: zoompleaños. Ya no nos congregamos, ahora es zoomgregarse. ¿Nos convertiremos en zoomanos? No lo sé, pero la virtualidad claramente nos abrió, como nunca antes en la historia, una ventana de oportunidades. Nos permitió ver su potencial y comprobamos su utilidad para entretenernos, comprar y vender, educarnos, nutrir la fe.

No seremos iguales cuando ésto termine. No volveremos a la presencialidad de la misma manera ¿Cuántas reuniones, clases, encuentros serán sólo virtuales? ¿Cuántas compras serán sólo online? ¿Cuántas capacitaciones serán digitales? Muchas. Pero no todas. Como expliqué en el artículo El aislamiento y la paradoja digital, la multiplicación de encuentros virtuales nos hizo extrañar la presencialidad. Aquí sólo observo que los Pandemials podrían tender aún más que sus antecesores Millenials e iGen, a las pantallas para interactuar, estudiar, entretenerse, compartir su fe.

  • Violencia. La pandemia resalta lo mejor y lo peor del ser humano. Se han multiplicado la discriminación, el racismo, la violencia doméstica, los femicidios y el maltrato. La hiperconvivencia ha profundizado las tensiones y problemas que teníamos previamente y que trae la propia pandemia. Los Pandemials se están enfrentando ahora a más gritos, golpes, maltrato, dolor que otra generación.
  • Déficit relacional. Prepandemia ya había estudios de las revistas pediátricas asiáticas que referenciaban una dificultad de reconocer y expresar las emociones en aquellos adolescentes que estaban expuestos de manera desmedida a las pantallas. Imagínense ahora luego de la hiperconectividad en la hiperconvivencia de la pandemia.

Aquí en la Ciudad de Buenos Aires en Argentina llevamos una centena de días en casa. El Gobierno permite hacer salidas cortas los fines de semana con los niños, gracias a Dios. Muchos padres reportan que sus hijos no quieren salir ni siquiera a dar una vuelta a la manzana. En la última salida que hice con mis hijos, observé a una niña de 5 años que apegada a su padre, caminaba muy temerosa. Esa carita me partió el corazón. La pandemia no sólo nos encerró físicamente en casa sino también lo hizo emocional y socialmente. Los Pandemials podrían necesitar más tiempo para reaprender habilidades sociales en la readaptacion a la vida social postpandemia.

  • Trastornos psicoemoespirituales. No me equivoqué. Entiendo que los trastornos no son sólo espirituales o emocionales o mentales. Son una mezcla de todo eso. Por eso, necesitamos explorar la pastoral interdisciplinaria e integral para abordar las problemáticas con más solidez que antes. Tenemos que estar alertas a los comportamientos en la alimentación, depresión, ideas suicidas, y otras situaciones.

Los Pandemials, ¿serán la generación del distanciamiento? Pareciera que tanto énfasis en la distancia, el aislamiento y los nuevos saludos sin besos… podría tentarnos a experimentar una humanidad menos humana y más robótica.

Sin embargo, justamente éste énfasis realza aún más la compasión, empatía, capacidad de socializar que tenemos las comunidades de Fe. Jesús nos enseñó a estar cerca física, emocional y espiritualmente de la gente. No será diferente post pandemia porque no lo fue antes ni durante. La Iglesia es la única que dentro de sí misma conviven diversas realidades psicosociales. Ese es nuestro potencial y debemos aprovecharlo. Jesús creó una micro comunidad de gente muy diferente que pudo amarse de verdad.

Tenemos que animarnos a surfear la ola y discutir los temas cuando surgen. Hacerlo años después es más seguro pero menos influyente. Si corremos riesgos ahora, podemos ganar terreno para sembrar la semilla del Evangelio en todos los análisis que se hagan al respecto.

Y si el análisis interdisciplinario, metódico y criterioso resuelve que no hay Pandemials, no es un problema, para nada. Al contrario, ese camino nos ayudó a reflexionar sobre los efectos en la misión de la Iglesia.

Pero si acertamos en el diagnóstico, entonces corremos con ventaja porque nos anticipamos, y siempre los pioneros son los que pueden influenciar los nuevos paradigmas. Aquellos que se arriesgan a dar pasos de fe. Que el Espíritu Santo nos guíe a ser esa Iglesia que tanto soñó el Padre.

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