MILAGROS INESPERADOS (HISTORIA VERÍDICA)

¡Bienvenida a este espacio, nuestro espacio! Quiero compartirte una buena nueva, una experiencia personal que anhelo incentive y enriquezca tu confianza.

Por los largos años que he caminado con Dios, puedo afirmar que no hubo mejor decisión que la de recibir a Jesús como mi Salvador y reconocerlo como centro de mi vida. A partir de esa decisión he podido comprobar, que hubo momentos buenos y malos; de procesos difíciles que fortalecieron mi fe; hubo asimismo, otros de grandes pérdidas y tantos otros de grandes victorias. No tengo la menor duda que Dios, en su infinito amor, siempre tiene algo más por hacer. Es real que a veces, de determinadas situaciones esperamos más de Dios, pero lo que también es cierto es que él siempre nos dará lo que sea mejor para nosotras, aunque la espera, desespere; él en todo momento se encuentra trabajando a nuestro favor. Ahora, centrándome en la experiencia personal que quiero compartirte, es que anhelo que el testimonio que voy a brindarte pueda afianzar y fortalecer tu fe.

Hace muchos años sufro las consecuencias de tener pie plano. ¿Cuáles son ellas? Sabemos que los pies son los cimientos y de serlo, toda la estructura va a estar afectada. Una repercusión clara es el cansancio, lleva una carga de desgaste energético mucho más alta que un pie normal, cuesta mucho esfuerzo caminar.  Esto conlleva a la pesadez de piernas, tanto por problemas de retorno de circulación, como por tensión muscular en el gemelo, pantorrilla, zona interna de la pierna. Otro aspecto de relevancia es que al caer el pie hacia adentro, saca la rodilla de su eje de trabajo. ¡Woow! Un pie tiene 26 huesos y aunque sea plano tiene más o menos capacidad de adaptación, una rodilla es una bisagra, y si no va recta va a rozar, y si roza se gasta. Lo que sucede es que la rodilla se gira hacia dentro.  Por último, en la espalda también podemos notar las consecuencias de un pie plano, pues la actitud siempre es mucho más cifótica porque tiende a ir más echado hacia adelante.

No pretendo dar una clase al respecto, pero sí compartirte que en el día de ayer, y en mis 35 años de vida, mientras mi día comenzaba entre las actividades escolares, agenda de reuniones y preparación para el dar apertura a una nueva labor en nuestra iglesia local, recibí una llamada inesperada, alguien que dejó guiarse por Dios. Para mí hasta ese momento, fue una llamada normal, y todo lo era, hasta que me dijo: “Laura, Dios habló a mi corazón y me dijo que en tu hogar hay alguien que tiene pie plano”. Para mi enorme sorpresa, abrí grandes los ojos, teniendo en cuenta que una no anda contando por la vida que tiene pie plano, pero hay un ser superior que sí sabe todo de mí y se ocupa de cada área de mi ser, porque permito que así sea. A lo que respondí: “Dios te dijo algo que es real. En mi hogar hay alguien con pie plano, claro, esa persona soy yo”. Inmediatamente esta persona me dice: “¿Crees que Dios puede hacer el milagro sobre tu vida hoy mismo?” Le respondí: ¡¡¡Por supuesto, él tiene el poder de sanar y restaurar!!!”. Fue en ese preciso momento que comenzó a orar por mi vida, que experimenté algo maravilloso y real, ese milagro comenzaba a suceder. Entre lágrimas que brotaban por mis mejillas, finalizó la llamada y fui obediente a esas palabras: “Ahora conforme a tu fe, ¡El milagro hecho está!

Salí corriendo a compartirlo con mi familia y ¿Qué creen? Junto a ellos, pisé sobre suelo mojado y podía ver una y otra vez esa curvatura en mis pies, una y otra vez repetía el mismo patrón, hasta que sobre un cartón, aquello que tenía a mano en ese momento, Su obra quedó plasmada; mi padre Juan, había puesto aceite en abundancia sobre mis pies y allí quedaron registradas esas pisadas, mis pisadas y las curvaturas de ambos pies ¡PUEDO TESTIFICAR SU MILAGRO FUE CONSUMADO!

Dios supo en qué momento, de qué manera y en qué circunstancia lo iba a hacer. Aprendí que él se ocupa mejor, que sus silencios pueden ser prolongados, pero finalmente todo tendrá respuesta. ¿Cuál es el milagro por el cual estás esperando? ¿Cuál es aquel milagro que recibiste pero no compartiste? Todos ellos siempre serán para darle gloria y honra, porque en Su voluntad han sido cumplidos. Pero para vos que aún aguardas por ese milagro, te invito que en un acto de fe y dependencia total de Dios, hagas conmigo esta oración:

“Señor, yo te agradezco en la espera; trabaja en mi ser y mi realidad. Sé que esperas más de mí, pero hoy una vez más rindo el corazón, para que tu voluntad sea en efectiva en mí. Te pido por ese milagro, por aquel que la ciencia determinó como imposible;  por aquel que he llorado por años en mi vida. Señor, aguardo en tu voluntad, esperaré en tu obrar. Sé que mi milagro en fe, llegará. Amén” 

“Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”

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