LA OBEDIENCIA A LOS PADRES ES UNA BENDICIÓN DE DIOS

El orden de Dios está comprendido en un solo mandamiento:

Hijos obedeced a vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor. (Colosenses 3:20). La relación de un niño con Jesús se desarrolla en relación directa con la obediencia que rinde a sus padres.

Jesús vive y obra en la vida de un hijo obediente. Un hijo obediente es por consiguiente un hijo feliz. En ocasiones su antigua naturaleza se rebelará bajo la autoridad de los padres. Pero donde se ejerce una autoridad en amor y con principios claros, pronto el niño llega a aceptarla como lo correcto. La verdad es que todo niño experimentará un profunda seguridad de espíritu cuando recibe ayuda para caminar en el sendero de la obediencia, pues éste es el foco y la expresión de su relación con Cristo.

La palabra OBEDIENCIA, provoca reacciones contrarias.

¿Por qué debo obedecer?

Preguntan los hijos constantemente. La respuesta es porque los padres han pasado por una serie de situaciones que los hijos no han experimentado, y aunque no lo crean, cuando un padre impide hacer algo no es por capricho, con el deseo de herir, sino para evitarle al hijo el dolor de una acción errónea. La experiencia ha enseñado a un padre lo que puede ser perjudicial para los hijos.

La obediencia no es una opción. La Biblia no dice “ Hijos obedeced a vuestros padres cuando tienen la razón”. Lo que en verdad dice es:

Obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Efesios 6:1.

El hijo que obedece un mandato, permanece bajo la luz de la aprobación de Dios. A la larga, será un niño más feliz y mejor adaptado que uno a quien se le ha dado la libertad de desafiar y poner en tela de juicio la autoridad de los padres. Esto se debe a que el hijo obediente vive de acuerdo al Orden Divino, y por consiguiente participa en un sentido más profundo de la armonía de lo que es conveniente. HIJOS: ¡OBEDECED A VUESTRO PADRES! Este es el plan de Dios para vosotros. Al obedecerles, es a El a quien obedeces. De este modo conocerán la presencia y bendición de Jesucristo en sus vidas.

El que guarda la ley es hijo entendido, pero el que es compañero de glotones avergüenza a su padre.

Proverbios 28:7

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