LA IGLESIA QUE ENCONTRAREMOS DESPUÉS DE LA PANDEMIA

Toda inestabilidad hace que el ser humano pierda toda la tranquilidad, al ver que no puede manejar lo externo, le produce una angustia por esta falta de control, estresándolo y poniendo al descubierto todas sus inseguridades.

Hemos pasado un año en el que no logramos agendar nada de lo que comúnmente veníamos haciendo, esto provocaba en nosotros una incertidumbre y por momentos una angustia que se volvía incontrolable.

Estas reacciones se venían repitiendo de hogar en hogar, de persona en persona y generó un estado de alteración en muchos casos inmanejable, muchas familias terminaron desechas y relaciones quebradas por no saber como entendernos y sobrellevar estos cambios que nadie nos había prevenido.

La iglesia no estuvo exenta de esta problemática y al saber que cada persona es tripartita, empezó a notarse la ausencia del trabajo pastoral de cubrir como siempre lo venía brindando la ayuda integral para el alma el cuerpo y el espíritu y que por el distanciamiento se padecía. Pero el Pastor con un real llamado y que Dios dotó con una sensibilidad especial puso en marcha todo su empeño como para adecuarse a los tiempos y logró en su mayoría sortear todas esas dificultades poniéndose muchas veces al frente de todas las carencias de los hermanos.

Ahora que lentamente se está volviendo a cierta normalidad, es el tiempo de que los hermanos que saben del esfuerzo que los siervos de Dios han hecho, puedan devolver en fidelidad y regresar a sus congregaciones siendo columnas que fortalezcan y devuelvan con gratitud lo que su pastor hizo en momentos tan cruciales.

Encuestas arrojan que muchas familias pastorales han tenido necesidades no cubiertas y muchas veces la congregación no lo sabia, emocionalmente debían luchar con los mismos problemas que sus miembros sufrían como grupo familiar. Y en la mayoría de los casos sus coberturas estaban en edad de riesgo y no los podían asistir.

Nace una nueva iglesia, dándole real importancia a congregarnos, de ser solidarios y practicar la honra. Hoy queda todo negro sobre blanco y cosas que antes no notábamos hoy quedan a la vista. Había números que no marcaban la realidad que se vivía y la cruda verdad quedó al descubierto. Y con lo que quedó después del flagelo las congregaciones deben reconstruir los ministerios sabiendo realmente con que contamos.

«Lo hizo para presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni ningún otro defecto. Será, en cambio, santa e intachable». Efesios 5:27

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