Inerrancia y errores de la Biblia

Hay errores o discrepancias humanas en la Biblia, pero la mayoría de los cristianos conservadores acepta su inerrancia, mientras que los liberales la rechazan.

La simple lógica sugiere que si Dios inspiró a los hombres que escribieron los distintos libros de la Biblia (2 Ti. 3:16-17), ésta no debería contener errores ni contradicciones puesto que Dios no se equivoca, ni miente, ni es su propósito confundir a nadie (Tit. 1:2; He. 6:18).

Entonces, ¿por qué hay discrepancias? Como por ejemplo las que aparecen entre 2 Crónicas 22:2 y 2 Reyes 8:26? En la primera cita se dice que cuando Ocozías comenzó a reinar era de 42 años, mientras que en la segunda se afirma que sólo tenía 22 años. También en el mismo libro de Crónicas, se informa que Salomón poseía 4.000 caballerizas o establos para sus caballos y 12.000 jinetes (2 Cr. 9:25), pero en algunas versiones antiguas, en 1 Reyes 4:26 se dice que tenía 40.000 establos.

Existen numerosos ejemplos de tales desavenencias bíblicas que han dado lugar a varios libros, diccionarios y enciclopedias de dificultades y aparentes contradicciones.[1] ¿A qué se deben estos dos errores mencionados?

¿Cuántos años tenía realmente Ocozías cuando comenzó a reinar en Judá? ¿Era cuarentón o veinteañero? Se trata de un claro error de copista que se resuelve fácilmente por el contexto. Según 2 Reyes 8:17, el padre de Ocozías, que se llamaba Joram, era de 32 años cuando se convirtió en rey de Judá y estuvo reinando durante ocho años hasta su muerte. De manera que Joram murió a los 40 años. Si su hijo Ocozías hubiera tenido 42 años al sucederle en el trono, habría sido dos años mayor que su padre. Lo cual es imposible y resuelve el error en favor de los 22 años.

Con la cuestión acerca del número de caballerizas del rey Salomón se produjo un error de copia similar. Se confundieron los términos hebreos “cuatro” (rbh) y “cuarenta” (rbym), ya que son visualmente muy parecidos. Es posible que cualquier mancha en el manuscrito hubiera podido hacer que este término no se distinguiera bien e indujera al error de confundir 4.000 con 40.000. No obstante, del contexto se desprende también que Salomón disponía de 1.400 carros (1 R. 10:26; 2 Cr. 1:14-17; 9:25-28). La proporción de 4.000 caballos para 1.400 carros de combate es más lógica que la de 40.000 caballos para 1.400 carros, por lo que el número menor de estos animales es el que parece más razonable.

Los errores que aparecen en las distintas copias y versiones de la Biblia se deben fundamentalmente a equivocaciones de los copistas ya que tales anomalías no figuraban en los manuscritos originales. Tal como escribe Norman L. Geisler, “no se ha encontrado un manuscrito original con errores”.[2] Además, en la mayoría de los casos resulta fácil determinar cuál es el término incorrecto por comparación con el contexto. Los copistas judíos eran tan escrupulosos en su trabajo que escribían exactamente lo que leían, aún a sabiendas de que el original del que copiaban podía contener errores. Sin embargo, ninguno de estos errores afecta al sentido de ninguna doctrina de la Biblia y menos aún al mensaje principal de la misma.

Otras pretendidas discrepancias bíblicas, aparte de los errores de copia en los manuscritos, pueden deberse a una diferencia en las fechas de redacción de los pasajes discordantes; a haber sido escritos por autores diferentes; a perspectivas o enfoques distintos de sus respectivos escritores; a distintas maneras de calcular el tiempo; a los diversos modismos orientales; a la costumbre de asignar varios nombres a la misma persona u objeto; al uso de una misma palabra que posee significados diferentes e incluso opuestos, etc. Sin embargo, a pesar de tales errores o discrepancias humanas, la mayoría de los cristianos conservadores acepta la inerrancia de las Escrituras, mientras que los liberales la rechazan. ¿En qué consiste esta llamada doctrina de la inerrancia de la Biblia?[3]

La inerrancia asume que, cuando se conocen todos los datos necesarios, la Biblia (es decir, los manuscritos originales correctamente interpretados) se revela como verdadera en todas sus afirmaciones, sean estas doctrinales, éticas, sociales, físicas o humanas. Los críticos de esta doctrina dicen que, al no poder hoy tener acceso a los manuscritos originales, sostener la inerrancia es algo que carece de sentido. Sin embargo, sus defensores creen que precisamente la existencia de una gran cantidad de copias de alta calidad de los escritos originales, así como la aplicación de una compleja crítica textual a los mismos, permite aceptar la inerrancia bíblica. Desde esta perspectiva, ¿en qué se suele fundamentar la creencia en la inerrancia de las Escrituras? 

En primer lugar, en aquello que la Biblia dice de sí misma, sobre todo cuando sus afirmaciones pueden ser contrastadas con datos externos de otras fuentes históricas y geográficas (2 Ti. 3:16; 2 P. 1:21; Dt. 13:1-5; 18:20-22; Mt. 5:17-20; Jn. 10:34-35; Nm. 23:19; 1 S. 15:29; Tit. 1:2; He. 6:18). El segundo argumento es de carácter histórico y se refiere a la opinión que predominó entre los grandes teólogos a lo largo de la historia. Por ejemplo, Agustín de Hipona escribió: “He aprendido a mostrar respeto y a honrar únicamente los libros canónicos de las Escrituras: solo en cuanto a éstos creo, con toda certeza, que los autores no tuvieron error alguno”. Mientras que Lutero dijo: “Estoy dispuesto a confiar en ellos (los padres de la Iglesia) solo cuando demuestren sus opiniones a partir de las Escrituras, que nunca tienen error”.[4] En tercer lugar, la lógica sugiere que si la Biblia no fuera completamente veraz en sus afirmaciones, entonces cualquiera de sus partes podría ser falsa o contener graves errores doctrinales. Y, por último, cuando se rechaza la inerrancia, pronto surgen serias dudas sobre doctrinas fundamentales de la Escritura, como pueden ser la encarnación de Cristo, su divinidad, resurrección, redención, etc.

Así pues, los errores y contradicciones de la Biblia se deben siempre a los copistas humanos que los introdujeron a lo largo de la historia, no a Dios ni a su inspiración ya que los documentos originales carecían de tales equivocaciones.

 

Notas

[1] Ver Haley-Escuain, 1989, Diccionario de dificultades y aparentes contradicciones bíblicas, CLIE, Terrassa, Barcelona; Geisler, N. L. & Howe, Th. 2008, The Big Book of Bible Difficulties, BakerBooks, Grand Rapids, Michigan.

[2] Zacharias, R. & Geisler, N. 2007, ¿Quién creó a Dios?, Vida, Miami, Florida, p. 151.

[3] Feinberg, P. D. 2011, “¿Tiene errores la Biblia?” en Biblia de Estudio de Apologética, Holman, Nashville, Tennesse, pp. 1284-1285.

[4] Ibid., 1284.

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