HONESTIDAD CON DIOS EN LA PANDEMIA

Dios no está preocupado por los lamentos y da la bienvenida a los gritos

Puede ser fácil conectarse con Dios y pasar tiempo leyendo la Biblia cuando nos sentimos en paz y felices con todo en nuestras vidas. Pero, ¿Qué hacemos cuando el dolor y la pérdida nos golpean, cuando nuestras vidas y nuestros corazones son un caos? En esos momentos puede ser especialmente difícil conectarse con Dios, ya que surgen preguntas desde lo más profundo de nosotros: «¿Cómo podría Dios permitir esto?» «¿Dios causó esto?» «¿Puedo confiar en Dios?» «¿A Dios le importa?» Podríamos seguir con los movimientos de nuestras vidas espirituales, leer nuestra Biblia obedientemente y fingir que todo está bien, pero nunca reconocer la ira y el dolor dentro de nosotros. O podríamos sentir tanto dolor que nos alejamos de Dios, enfurecidos y nunca miramos hacia atrás.

¿Dónde podemos ir?

Lo sorprendente es que la Biblia en realidad nos llama precisamente durante estos tiempos, rogándonos que hablemos con Dios sobre todo lo que sentimos, en lugar de escondernos o fingir que todo está bien. ¿Cómo se refleja esto en la Escritura? Nos da un ejemplo tras otro de personas que se conectan con Dios no solo durante los días alegres sino también durante los días de nubes negras, viento aullante y lluvia torrencial. La gente derrama su ira, desilusión, confusión y sentimientos de traición. Vemos a Ana llorando amargamente ante Dios (1 Samuel 1:1–11), Jeremías acusando a Dios de engañarlo (Jeremías 20:7), y Jonás arrojando su ira (Jonás 4:1–4). Incluso vemos al mismo Jesús, sintiéndose aplastado casi hasta la muerte por la tristeza, rogándole a Dios que le quite su sufrimiento (Mateo 26:37–38).

El libro de los Salmos está lleno de oraciones increíblemente honestas y sin límites llamadas lamentos. En los lamentos, las personas expresan sus quejas a Dios, expresando honestamente su dolor, dudas y temores. Al mismo tiempo, le suplican a Dios que actúe en su nombre, porque parte de ellos todavía confía en Dios. De hecho, gran parte de su sufrimiento proviene de la tensión entre el hecho de que Dios supuestamente los ama, pero ha permitido su sufrimiento. En lugar de ocultar lo que sienten, dicen la dolorosa verdad, llevando su confusión al mismo Dios que están luchando por entender y confiar. Dar voz al dolor es en realidad un signo de fe, de una relación sólida y saludable. Abre una puerta para la comunicación real, la intimidad y la reconciliación.

Lamentos

Casi la mitad de los salmos se consideran lamentos (67 de 150). Tómate un tiempo para leer algunos de estos lamentos, tal vez los Salmos 13 y 88. Mientras lees, ¿puedes escuchar las quejas? ¿Las acusaciones? ¿Las solicitudes? ¿Alguna vez has hablado con Dios así? ¿Hay cosas en estos salmos que nunca te atreverías a decirle a Dios? ¿Hay cosas en tu corazón que nunca te atreverías a decirle a Dios?

A medida que exploras los lamentos, es útil saber que los lamentos a menudo contienen algunos o todos estos elementos:

  • Se dirige directamente a Dios, como «Oh Dios» o «Oh Señor»
  • Revisión de la fidelidad de Dios en el pasado (véase Salmos 44:1–3)
  • Queja (véase Salmos 44:9–19, 22)
  • Confesión de pecado o reclamo de inocencia (véase Salmos 44:20–21)
  • Solicitud de ayuda (véase Salmos 44:24, 27)
  • La respuesta de Dios, que a menudo no se declara (véase Salmos 28:6)
  • Voto de alabanza o declaración de confianza en Dios (véase Salmos 44:4–8)

No todos los lamentos incluyen todos estos elementos, ni en este orden. Sin embargo, una parte siempre está presente: la queja. Si no hay queja, no es un lamento. ¿Quejándose a Dios? Esto puede ser difícil para aquellos de nosotros que «nunca nos quejaríamos ante Dios», o si estamos dispuestos a arriesgarnos a una queja, tenemos que seguirla rápidamente con algo positivo. Véase el Salmo 88 para obtener nuestro permiso oficial para no concluir cada oración con una alabanza alegre. Y recuerda que al igual que en nuestras relaciones humanas, nuestra relación con Dios solo será tan profunda como nuestra voluntad de ser real.

Ponlo a prueba

Escribir un lamento puede ser una buena manera de comenzar a fomentar una intimidad más profunda con Dios. Comienza por pensar en algo doloroso en tu vida, algo que desearías que fuera diferente. Luego comienza a escribir como si estuvieras hablando directamente con Dios, utilizando algunos o todos los pasos enumerados anteriormente. Puedes mezclar el orden y usar tantos o pocos como desees. Recuerda que la queja es el único elemento esencial.

No te desanimes si este ejercicio te resulta difícil. Todos hemos tenido experiencias cuando le contamos a alguien cómo nos sentimos y no respondieron bien. Es posible que se hayan vuelto enojados, defensivos y despectivos; pueden habernos abandonado por completo. Esas experiencias nos hacen desesperadamente difícil ser honestos con Dios, porque esperamos (incluso a nivel subconsciente) que Dios responda de la misma manera. Ten valor: Dios puede manejar tus emociones fuertes. De hecho, Dios quiere manejarlos.

Busca sanidad

Cuando corremos el riesgo de derramar las profundidades de nuestro corazón a Dios, sin retener nada, Dios nos encontrará y comenzará a sanarnos. Después de todo, es en el desastre que realmente encontraremos a Dios, y que Dios nos encontrará a cambio.

Fuente: American Bible Society

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