EL MANÁ, LAS CODORNICES Y EL AGUA EN EL DESIERTO

Una gran crisis transformada en una provisión excepcional

Tras la salida de Egipto, el pueblo de Israel comenzaría el peregrinaje hacia una larga travesía por el desierto. Una promesa les aguardaba, una tierra por poseer. Camino al desierto los guiaría un libertador, que también les había sido anunciado a sus antepasados en la antigüedad. ¡Es innegable el amor de Dios! ¡Él comenzaba a aparecer en escena de una manera asombrosa, todo ojo vería Su poder!

Cuando el pueblo de Dios, cruzó el mar Rojo, no sabía lo que le depararía el desierto. Allí serían expuestas las realidades del corazón de un pueblo que comenzaría a murmurar y a desesperarse ante las necesidades; y no tardaría en pensar que ese mismo Dios, que les había sacado con mano fuerte de la tierra de esclavitud, les había abandonado.

En el desierto les había sido provisto más maná del que las tribus podían comer, y la abundancia del agua era tanta que la que los ejércitos podían beber. ¿Qué era lo que necesitaba mostrarles Dios?

Las Escrituras señalan en Éxodo 16.  “Luego el Señor le dijo a Moisés: He oído las quejas de los israelitas. Ahora diles: Por la tarde tendrán carne para comer, y por la mañana tendrán todo el pan que deseen. Así sabrán ustedes que yo soy el Señor su Dios. Esa tarde llegó una cantidad enorme de codornices que cubrieron el campamento (..) Los israelitas quedaron perplejos al ver esto y se preguntaron entre ellos: ¿Qué es esto? Entonces Moisés le dijo: Este es el pan que el Señor les da para comer”

Al pueblo de Israel se les había sido dada la instrucción, de que sólo tomasen la ración diaria, ya que por la mañana siguiente no les faltaría, porque Dios les demostraría Su amor dándoles la provisión diaria. ¿Por qué no podían guardar alimento para el día siguiente, sin que estos se llenasen de gusanos? ¿Acaso tenían miedo de no tener con qué subsistir al día siguiente? Una vez más la pregunta es ¿Qué precisaba mostrarles Dios?

Todas las preguntas que nos podamos realizar tienen una respuesta. A cuántas de nosotras nos pasa, vivir el día de hoy, teniendo la mente en el mañana. La Escritura nos enseña en Mateo 6:31-33 “Así que no se preocupen por todo eso diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Qué ropa nos pondremos? Esas cosas dominan el pensamiento de los seres vivientes, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten”

Cuando hemos aprendido que depender de Dios es todo lo que necesitamos y que él puede darnos mucho más de lo que precisamos, es donde visualizamos que la realidad que vivimos hoy, no condiciona nuestra herencia como hijos. De la misma manera que él puede otorgarnos todo, también distribuye bien las bendiciones, y va a ser notorio, a veces ante nuestra mirada lo que consideramos que fue mucho ó poco. Te tengo otra noticia, él mejor que nadie sabe lo que hace y desea demostrarte que el tamaño de las bendiciones no pueden ser medidas de manera cuantitativa únicamente. La bendición más grande que experimentas al amanecer, es la de un día más de vida ¿Cómo podrías llegar a medir esta bendición? ¿Acaso tiene tamaño una Salvación otorgada por amor?

¿Entonces, de qué manera esa gran crisis vivida se transforma en la provisión más excepcional de Dios?  Mediante la vida de Su hijo Jesucristo, él es la provisión del mundo, en él se encuentra la fuente de gracia ¡amor, salvación, misericordia… que necesitamos!

¿Precisas algo más? En él está todo lo que necesitás.

 

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