Cristianos chinos son torturados en campos de concentración

Siguen aumentando las denuncias de los cristianos que son ingresados en campos de concentración para volverlos ateos.

Un informe elaborado por Radio Free Asia (RFA) sacó a la luz nuevas violaciones a los derechos humanos en China. Se trata de un refuerzo a las “instalaciones de transformación” que tienen el objetivo, mediante el adoctrinamiento intensivo y la tortura, de obligar a cristianos ciudadanos de este país a renunciar a su fe.

Li Yuese, un cristiano perteneciente a una de las tantas iglesias clandestinas que hay en China, llamadas “Iglesias en Casa”, reveló en una entrevista con RFA que fue secuestrado y retenido por el Departamento de Trabajo del Frente Unido del Partido Comunista, durante 10 meses.

Li explicó que su detención se llevó a cabo en una instalación móvil que podía ser utilizada en cualquier lugar sin que nadie se diera cuenta. También recordó que el grupo que lo detuvo estaba integrado por personas pertenecientes a distintos departamentos gubernamentales, y hasta tenían personas vinculadas con el Comité de Asuntos legales y Políticos del régimen. Este grupo, explica Li, se enfoca principalmente en interceptar cristianos miembros de “Iglesias en Casa”.

 

Torturado por su fe

El creyente dijo que fue retenido en una habitación sin ventanas y sin ventilación y que se le prohibió salir durante el tiempo que estuvo cautivo en las instalaciones. Allí fue sometido a diversas formas de tortura, desde golpizas hasta manipulación mental.

“Te amenazan, te insultan y te intimidan. Se trataba de funcionarios del Frente Unido, hombres, mujeres, a veces sin identificar, generalmente vestidos de civil. La policía hace la vista gorda ante esto”, dijo.

“Tienes que aceptar la declaración que te preparan para que renuncies a tu fe. Si te niegas, se verá que tienes una mala actitud y te mantendrán detenido y seguirán golpeándote”, agregó.

Li dijo que la mayoría de sus compañeros de prisión también eran personas que habían sido liberadas bajo fianza durante la detención criminal por participar en actividades relacionadas con la iglesia. Debido a que la policía no pudo procesarlos por ningún delito en particular, fueron enviados a las llamadas instalaciones de “transformación”.

“Nos secuestraron para lavarnos el cerebro a aquellos de nosotros que estábamos en libertad bajo fianza”, dijo. “Fue en un lugar secreto, en un sótano. No hay límite de tiempo para el proceso de lavado de cerebro. No sé el tiempo más largo que alguien ha estado retenido allí, pero yo estuve detenido durante ocho o nueve meses. No puedes ver el sol, por lo que pierdes todo el concepto del tiempo”, aseguró.

“Una vez allí, estaba atontado por las torturas, trataba de abrir los ojos, pero no podía”, contó. “Cuatro o cinco de ellos me agarraron por los brazos y las piernas y me inmovilizaron contra el suelo. Me inyectaron drogas”. Cuando fue liberado, Li dijo que su salud estaba muy deteriorada y que esa experiencia lo atormenta aun hoy en día.

 

El control del Partido Comunista

En 2019, 22 países de todo el mundo firmaron una carta conjunta al Consejo de Derechos Humanos de la ONU exigiendo a China a cerrar los campos de concentración de la provincia del noroeste Xinjiang.

En estos centros, el gobierno está llevando a cabo un genocidio de los musulmanes de etnia uigur, que quedaron dentro del territorio chino durante varias de las guerras expansivas en la época del imperio chino, y desde el ascenso del comunismo en el país, se convirtió en política de Estado impartir la cultura china, marxista y atea en estos seguidores del Islam.

Lo mismo ocurre con los cristianos. Es política del Partido Comunista que las religiones monoteístas en China no hablen de su dios como superior al Estado nacional o a las figuras que lideran el politburó político.

En China existen templos “legales” tanto cristianos como musulmanes, pero estos permanecen obligatoriamente bajo control del régimen, y hay una serie de reglas que deben seguir. Por ejemplo, ninguna iglesia cristiana puede tener el retrato o una estatua de Jesús, y en su lugar deben mostrar retratos del exdictador Mao Tse Tung o del actual líder Xi Jinping.

En los centros religiosos tampoco se pueden enseñar doctrinas bíblicas que vayan en contra de los principios comunistas, por lo que la Biblia cristiana no puede ser mostrada públicamente. Además, las personas que asisten a misa son obligadas a cantar canciones nacionalistas en vez de los villancicos dominicales.

Por esta razón, y ya desde hace mucho tiempo existen numerosos grupos de personas que se reúnen clandestinamente en hogares de familia, cuidando cada movimiento para no ser descubiertos, y llevan a cabo misas tradicionales.

La fe cristiana tiene entre 72 y 92 millones de practicantes en China, y es la religión más importante después del budismo.

De hecho, a pesar de que le moleste al Estado comunista, China es el cuarto país con más creyentes en Jesucristo del mundo, por debajo de Estados Unidos (200 millones de cristianos), Brasil (180 millones) y México (107 millones).

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