4 señales de que has perdonado verdaderamente

La vida vale la pena porque la vivimos rodeados de personas que amamos y nos aman. Pero son justo las personas que amamos y que nos aman las mismas que más nos hieren (y a quienes más herimos).

Génesis 3 nos muestra eso con claridad: solo habían dos seres humanos en la tierra y —tan pronto pecaron— comenzaron a echarse la culpa el uno al otro. Sus primeros hijos se mataron entre ellos, y sus descendientes iniciaron una espiral de dolor y sufrimiento que ha llegado hasta nosotros.

Definiendo el perdón

El perdón es indispensable para vivir. Las personas pecan y vivimos rodeados de personas; así que, para vivir bien, necesitamos perdonar. ¿Qué significa perdonar? El perdón es una decisión por parte de la persona ofendida de ofrecer gracia al ofensor arrepentido, liberándolo de su responsabilidad moral, y buscando la reconciliación.

  • El perdón es una decisión, no un sentimiento. No siempre tendremos el deseo de perdonar, así como no siempre tenemos el deseo de levantarnos de la cama. Pero lo hacemos, porque es lo que debemos hacer. Perdonamos porque Dios nos manda que lo hagamos.
  • Es una oferta de gracia, no una imposición o demanda de justicia. Esto implica que no podemos obligar al otro a restaurar la relación o a recibir nuestro perdón. Eso no significa que no deba aplicarse justicia (particularmente si se ha cometido un crimen), sino que buscamos liberar al otro de la responsabilidad moral, lo que significa soltar todo deseo de venganza.
  • El verdadero perdón requiere dos partes, siempre que sea posible. Dentro de lo posible, debemos poder conversar o buscar a la otra persona de tal manera que haya una posible reconciliación.

Por supuesto, todo esto requiere mucha sabiduría y discernimiento, y observar cada caso en particular. Si te interesa profundizar en lo que significa perdonar, te invito a revisar este pequeño libro sobre el tema.

El perdón es una decisión, no un sentimiento

Pero entonces, ¿cómo sé si he perdonado?

Si bien no todo perdón se ve exactamente igual, sí hay ciertas señales que deben acompañar todo proceso de sanación y perdón. Si estas cosas están presentes en tu vida y relación, es muy probable que el perdón haya ocurrido:

1) Puedes orar bendiciones acerca de esa persona.

¿Cuántas veces has orado a favor de alguien con quien estás molesto? ¿Has seguido enojado? Dios ha diseñado nuestros corazones de manera que, en la medida en que nosotros oramos a favor de los demás, nuestra actitud cambia de la ira hacia el amor. Ese cambio de actitud nos lleva a la disposición ideal para pedir perdón y perdonar, si es que no estábamos ahí anteriormente.

Si nos encontramos orando a favor de la persona con quien tuvimos el conflicto, es posible que ya el perdón haya ocurrido. Haz la prueba ahora mismo y ora por él o ella.

2) Al pensar en la persona con quien tuviste el conflicto, tus pensamientos tienden a ir hacia la paz y no a la angustia.

Esto es algo muy subjetivo pero muy poderoso, porque tal como pensamos en nuestro corazones, así somos (Pr 23:7). ¿Qué pasa dentro de ti cuando piensas en la persona que te ha herido? ¿Qué tipo de sentimientos te arropan? Puede que, por tu personalidad, “no te afecte” lo que haga el otro, pero ¡cuidado! Eso pudiera ser falta de amor. Cristo mismo nos advirtió sobre esto (Mt 5:23-24).

Entonces, si te sientas a meditar en la persona que te hirió y a quien se supone que perdonaste, ¿qué sientes? ¿Qué piensas? Si te ves rodeado de angustia, temor, dolor, o indiferencia, probablemente no has perdonado.

3) Al hablar con otros acerca de la persona con quien tuviste el conflicto, tiendes a mencionar cualidades positivas y no negativas.

Esta es un área muy práctica y útil para nosotros los cristianos, dado que vivimos en una comunidad (la iglesia) donde estamos sirviendo y viviendo los unos con los otros. Eso implica que con gran probabilidad (y, sin duda, Dios orquestando) otros te preguntarán acerca de ese hermano o hermana. ¿Qué le dirás? ¿Qué características vas a resaltar?

No estoy diciendo que debas mentir. Pero todos los cristianos somos una mezcla de santos y pecadores. Si lo que de inmediato puedes ver es el área de pecador y no la de santo —si lo único o principal que miras son sus pecados y no la obra del Señor en su vida— entonces es probable que no hayas perdonado aún.

Por el contrario, solo el poder de Dios en el evangelio hace posible que puedas ver a Cristo en una persona que te ha herido, y que puedas resaltar las virtudes del que te ha fallado.

4) Ha ocurrido una reconciliación.

Como ya mencioné, esto requiere sabiduría y discernimiento, y no siempre es posible de este lado de la gloria. Tampoco es el lugar para un artículo tan breve el poder explicarlo por completo. Pero debo decir que la reconciliación es el propósito del perdón. A eso nos apunta Colosenses 1:14: “en quien tenemos redención: el perdón de los pecados”. Dios no perdona a nadie sin reconciliarse con él o con ella, y nosotros perdonamos como Cristo nos perdonó (Col 3:13).

Por tanto, mientras dependa de nosotros, debemos buscar la reconciliación. Esto no significa regresar la relación al lugar que estaba antes. Por ejemplo, puede que un empleador despida a un empleado que le robaba, lo perdone y decida no someterlo a las autoridades, y le muestre gracia al hacer un acuerdo de cinco años (con un abogado) para pagar lo que le debe. La reconciliación se verá en que estos hermanos son amigos y están en la misma iglesia, pero no necesariamente en la misma empresa (y definitivamente no con este último siendo contable de la empresa que desfalcó).

Mientras dependa de nosotros, debemos buscar la reconciliación

Necesitas restauración

Si te preguntas si ya has perdonado, estoy asumiendo que has pasado por un proceso de perdón. Es decir, has ido con la persona que te hirió y has expresado tu perdón y tu deseo de reconciliar la relación.

Hay muchas situaciones donde es sabio y maduro simplemente pasar por alto la ofensa (Pr 19:11) y cubrir el pecado (1 P 4:8). Pero si has sido herido (y si estás leyendo este artículo y preguntándote si genuinamente has perdonado, entonces has sido herido) entonces probablemente el momento de pasar por alto la ofensa ya pasó: ahora es tiempo de perdonar.

Si no has hablado con nadie de lo que ha pasado, posiblemente ese es el próximo paso. No solo hables con Dios: habla con alguien más. Tal vez tu pastor, o algún otro líder de tu iglesia. Alguien maduro en la fe que te ayude en los próximos pasos. Necesitas restauración y reconciliación. No camines solo.

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